“En el momento en que a una universidad se le requiere que enseñe física, las organizaciones necesitan genetistas. Cuando los empleados bancarios son más eficientes en el análisis de créditos, se necesitará que sean consejeros de inversión.” Peter Drucker
Las reflexiones de Peter Drucker una vez más resultaron acertadas. Cuando instaló la empresa Botnia en Uruguay, una de las dificultades a sortear fue la carencia de personal capacitado. Al respecto citamos a Juan Faroppa, representante de Botnia en Uruguay "el proyecto tiene características tecnológicas de última generación, por lo que se necesita gente con capacitación específica y que ya haya participado en la construcción de otras plantas similares"... "en la fase de construcción va a haber algunas especializaciones que probablemente tengan que venir de afuera, más que nada en el caso de estructuras y la parte metalmecánica y soldaduras".
Las necesidades de formación del capital humano son cada vez más cambiantes a medida que avanzamos hacia una Sociedad del Conocimiento que valora la creatividad y la innovación. Los invito a reflexionar sobre un tema recurrente respecto a la formación del capital humano: el divorcio entre la academia y las necesidades del mercado de trabajo. ¿Será posible conciliar estas dos visiones del mundo?
Del conocimiento a la educación por competencias
Desde los tiempos más remotos el título profesional constituye el producto final de la educación académica. La percepción de lo que tiene que saber el profesional para ser competente ha variado con el tiempo.
Tradicionalmente se evaluaban los saberes, los conocimientos, hasta que en la segunda mitad del siglo XX se puso en duda este concepto y se retomó el concepto de “saber en acción”, “saber hacer”, surgiendo la educación por competencias.
La educación basada en competencias es una nueva orientación educativa que pretende dar respuestas a la denominada sociedad de la información, integrando el saber académico que avalan los títulos con las competencias necesarias para desenvolverse en el mundo del trabajo.
En la Antigüedad Grecorromana y en la Edad Media el conocimiento era valioso por sí mismo. Era importante tener una cultura general. Los saberes enciclopedistas, que dieron origen a la educación humanista de la cual somos herederos en latinoamérica, produjeron generalistas.
En opinión de Peter Drucker, en la Sociedad del Conocimiento, los saberes carecen de valor si no se pueden o no se saben aplicar. Esta sociedad valora la especialización y que el un individuo sea competente en un campo específico de conocimiento. A su juicio, la sociedad tiene que modificar la forma en la que demanda destrezas y conocimientos porque según afirma Drucker
“En el momento en que a una universidad se le requiere que enseñe física, las organizaciones necesitan genetistas. Cuando los empleados bancarios son más eficientes en el análisis de créditos, se necesitará que sean consejeros de inversión.”
Habría una dicotomía entre las demandas del mercado y los currículos universitarios, lo cuales parecen estar rezagados respecto a las necesidades de profesionales que tiene la sociedad.
Economía | Capitalista | Postcapitalista |
Revolución Industrial | Sociedad del Conocimiento | |
Conocimiento | Ser | Saber hacer |
Conocimiento enciclopédico | Competencias | |
Generalista | Especialista | |
Recursos principales | Tierra, Capital | Conocimiento |
Actividad principal | Hacer o trasladar objetos (bienes tangibles) | Producir y utilizar información (intangibles) |
Trabajo | Jerárquico | Equipos |
Drucker, Afirma que en la sociedad actual, el conocimiento es el recurso primario para el individuo y para el conjunto de la economía. Los factores de la producción tradicional, tierra, trabajo y capital no desaparecen, pero resultan secundarios. Ellos pueden ser obtenidos fácilmente, por que están desprovistos de un conocimiento especializado.
Al mismo tiempo, el conocimiento especializado por sí mismo no es capaz de producir. El conocimiento sólo puede ser productivo cuando es integrado a una actividad, ya que la Sociedad del Conocimiento es también una sociedad de organizaciones: el propósito y la función de cada organización, de negocios o no, consiste en integrar los conocimientos especializados en una acción común.
Las destrezas cambian lentamente y de manera poco frecuente. Si un antiguo escultor griego volviera hoy a la vida y fuera a trabajar en un taller de escultura, el único cambio significativo que tendría que afrontar sería el diseño a esculpir en la piedra. Las herramientas a utilizar serían las mismas, sólo que éstas ahora tienen baterías o son eléctricas. A lo largo de la historia, el artesano que aprendió un oficio durante cinco o siete años, a los dieciocho o diecinueve años de edad ya conoce todo los conocimientos que alguna vez necesitará usar durante toda su vida. No obstante lo cual, Peter Drucker afirma que en la Sociedad del Conocimiento es adecuado suponer que cualquiera que tenga algún conocimiento tendrá que adquirir otros nuevos cada cuatro o cinco años o se volverá obsoleto.
A fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, la industria automotriz de Estados Unidos, basada en la organización científica de la producción o taylorista, percibe que está siendo aventajada por la producción asiática. En medio de esta crisis de competitividad, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados realiza en 1959 una conferencia con psicólogos y educadores, en Woods Hole, Massachussetts, para discutir cómo mejorar la enseñanza de las ciencias en las escuelas primarias y secundarias. En esta conferencia psicólogos de la Gestalt, el conductismo, y otros como Piaget, Skinner y Brunner discutieron teorías del aprendizaje y curriculares vinculados con las ciencias y la producción.
Rápidamente se diseminaron por los departamentos de Recursos Humanos de las organizaciones los métodos comportamentales de Skinner en sus programas de formación, especialmente en lo que se refiere a la instrucción programada. Estos programas tenían afinidad con el tipo de formación conductista que la administración científica de la producción de taylorista requería. La enseñanza para la competencia concretizó el aprendizaje para el dominio de Bloom, e introdujo la división en módulos en los procesos de instrucción. Un módulo de instrucción consistía en una serie de acciones planificadas para volver más fácil el logro de uno o más objetivos de la enseñanza.
La calificación estaba directamente relacionada con la preparación para un determinado puesto de trabajo, se trataba de la formación para un trabajo prescriptivo. Las competencias, por el contrario, se relacionan con el nuevo paradigma de producción, el toyotismo, que considera superado el modelo de calificaciones, aduciendo que ya no se debe formar para el desempeño en un puesto de trabajo, sino para situaciones polivalentes, donde los trabajos ya no serían prescriptivos sino exigidos.
En la posguerra, Tahichi Ohno, un ingeniero japonés de la empresa Toyota, se dedicó a resolver el problema de cómo obtener beneficios produciendo pequeños lotes. En lugar de producir grandes cantidades y mantener un stock con los consecuentes costos asociados, producía solamente lo que se le demandaba, lo que se denominó “just-in-time”.
Cuando la industria comenzó a abandonar el taylorismo y se orientó hacia el toyotismo desplazó su foco del producto hacia el cliente y simultáneamente con este cambio en la mentalidad del empresario se modificaron sus expectativas respecto a los trabajadores. El nuevo modelo necesitaba de una formación con estándares exigidos, para una actuación flexible en tareas rotativas bastante más complejas. Al dejar de operar en una cadena lineal de operaciones se necesitaba una preparación mucho más amplia, con fundamentos básicos sólidos, que llevara al trabajador a los niveles de destrezas y competencias deseados.
Esta modalidad cambió el rol del trabajador. Ya no se requería que supiera operar una máquina, sino que debía ser polivalente y poder operar convenientemente varias máquinas simultáneamente.
En los años sesenta del siglo pasado resurge la polémica por el divorcio entre la universidad y el mundo del trabajo. La posesión de un título parece no ser suficiente, para tener éxito en una profesión, se requieren competencias y destrezas específicas.
El psicólogo David McClelland, de la Universidad de Harvard, argumentó que los exámenes académicos tradicionales no garantizaban el desempeño en el trabajo ni el éxito en la vida y frecuentemente, discriminaban a las minorías étnicas, las mujeres y otros grupos vulnerables en el mercado de trabajo. Propuso la adopción de otras variables, las competencias, para predecir el desempeño con cierto grado de éxito, o al menos, cometer menos errores.
Se entiende por competencias aquellas características de personalidad, devenidas en comportamientos, que generan un desempeño exitoso en un puesto de trabajo.
Las teorías de David McClelland dieron origen a un modelo de management que permite a las organizaciones alinear a las personas que la integran con las estrategias organizacionales. Cada organización tiene una estrategia diferente, por lo tanto, las competencias son distintas en cada caso. Para ello, el modelo de competencias debe confeccionarse en función de los requerimientos que los individuos deberían poseer para el logro de los objetivos organizacionales, que a su vez se basan en la misión, visión, y estrategia organizacional.
Cuando las competencias se focalizan en el individuo, se trata de la certificación de competencias individuales. El tema ha tomado relevancia con la globalización, que ha colocado las competencias en el centro del debate respecto a la educación, el currículum y la evaluación.
La trascendencia de esta nueva propuesta se basa en que los conocimientos que los estudiantes aprenden ahora serán obsoletos mañana. Las habilidades genéricas, por otro lado, no envejecen, se desarrollan y aumentan, especialmente si se cuenta con un entorno de aprendizaje propicio.
En la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior (1998) en la sede de la UNESCO se expresó que es necesario promover el aprendizaje permanente y la construcción de las competencias adecuadas para contribuir al desarrollo cultural, social y económico de la sociedad.
El concepto de competencia, tal y como se entiende en la educación, resulta de las nuevas teorías de cognición y básicamente significa saberes de ejecución. Como todo proceso de “conocer” se traduce en un “saber”. Es posible afirmar que son recíprocos competencia y saber: saber pensar, saber desempeñar, saber interpretar, saber actuar en diferentes escenarios, desde sí y para los demás dentro de un contexto determinado.
En 1985, Chomsky, a partir de las teorías del lenguaje, instaura el concepto y define competencias como la capacidad y disposición para el desempeño y para la interpretación.
La educación basada en competencias se centra en las necesidades, estilos de aprendizaje y potencialidades individuales para que el alumno llegue a manejar con maestría las destrezas señaladas por la industria. Formula actividades cognoscitivas dentro de ciertos marcos que respondan a determinados indicadores establecidos y asienta que deben quedar abiertas al futuro y a lo inesperado.
Una competencia en educación es una convergencia de los comportamientos sociales, afectivos y las habilidades cognoscitivas, psicológicas, sensoriales y motoras que permiten llevar a cabo adecuadamente un papel, un desempeño, una actividad o una tarea.
Las competencias en la educación pueden definirse como la convergencia entre los conocimientos de la disciplina, las habilidades genéricas y la comunicación de ideas.
Las habilidades genéricas especifican lo que se debe hacer para construir una competencia u obtener un resultado o un desempeño: trabajo de equipo, planteamiento de problemas, encontrar y evaluar la información, expresión verbal y escrita, uso de las nuevas tecnologías y resolución de problemas.
En la educación basada en competencias, éstas dirigen el sentido del aprendizaje, quien aprende lo hace desde la intencionalidad de producir o desempeñar algo, involucrándose con las interacciones de la sociedad. Las competencias son parte y producto final del proceso educativo.
La educación basada en competencias se refiere a una experiencia práctica, que necesariamente se enlaza a los conocimientos para lograr un fin. La teoría y la experiencia práctica se vinculan, utilizando la primera para aplicar el conocimiento a la construcción o desempeño de algo.
La tendencia es hacia el establecimiento de estándares como las normas ISO. La profesión contable ha establecido un conjunto de normas de educación que se basan en las competencias, destrezas y valores, que constituyen en un marco de referencia internacional (Normas Internacionales de Educación).
Los acuerdos regionales en educación y circulación de profesionales de la Unión Europea, NAFTA (North American Free Trade Association) y MERCOSUR (Mercado Común del Sur) tienden hacia la estandarización de las profesiones. La adopción de una política de fronteras abiertas en la Unión Europea, evidenció la necesidad de establecer normas que definieran los estándares mínimos de los perfiles profesionales a ser aceptados en la migración entre los países de la Comunidad.
A partir del NAFTA, México tuvo que realizar una fuerte inversión en campo de la educación, a cuyos efectos recibió un préstamo del Banco Mundial para establecer un Sistema Nacional de Certificación de Competencias Laborales.
La innovación requiere de capital humano capacitado que cumpla con estándares internacionales. ¿Nos habrá llegado a los uruguayos la hora de debatir sobre la formación, los estándares y la demanda de capital humano que requiere la innovación?
